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LA PESCA HABITUAL
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LA PESCA HABITUAL
LA PESCA HABITUAL
Lo habitual es no pescar nada. O pescar muy poco. Todo lo que no sea eso, es decir, siempre que pesquemos algo, cualquier cosa, ya habrá constituido un triunfo.
¿Les parezco muy pesimista? Quizás, pero pretendo ser objetivo, y si llevamos a cabo un recuento de los aficionados que practican su afición en nuestras costas un día cualquiera y las capturas de cierto porte que se han conseguido dicha jornada, veremos que no sale ni a una por individuo.
Vaya por delante que siempre me estoy refiriendo a las costas españolas y que esto no es extrapolable a otros puntos del planeta, donde salir a pescar se ajusta a su significado original.
Aquí, por desgracia, "ir de pesca" ha tomado diversas acepciones con el paso del tiempo, que hoy equivalen a cosas tales como salir a dar un paseo por la costa (en caso de practicar spinning), a sentarse plácidamente a pasar la tarde junto al agua a contemplar las estrellas en la tranquilidad de la playa nocturna y así otras muchas. Varios significados en los que, en ningún caso se contempla la captura de peces. Como mucho, la intención de conseguirlo, que ya es algo.
Por eso, en un ejercicio de posibilismo, nos vemos forzados a plantearnos cuál o cuáles son las especies que con mayor facilidad podrán acabar enganchadas en el extremo de nuestra línea. En caso de que queramos pescar algo, naturalmente.
Una vez que nos formulamos este tipo de preguntas, las respuestas a las mismas nos llevarán a realizar una pesca mucho más consecuente con nuestras posibilidades y, sobre todo, con las de nuestro entorno.
Porque, como ya hemos dicho por activa y por pasiva, nuestras costas están arrasadas. Básicamente por dos factores: la contaminación y la pesca comercial.
Por cierto, que hace poco leía que una cofradía de pesca había hecho público su malestar por la escasez de capturas y culpaba a un club de pesca submarina, como causante de esta merma. En concreto, achacaba a los concursos de pesca submarina celebrados en las inmediaciones de su caladero el descenso de las capturas comerciales. Y lo peor es que ese tipo de acusaciones tienen bastante eco mediático y confunden a la opinión pública. O sea, que unos pescadores submarinos que celebran un concurso y que matan unas cuantas docenas de lisas (mugílidos) y algún que otro durdo (lábrido) y poco más -que vienen a ser las capturas habituales de este tipo de concursos-, son los responsables de que las artes vengan vacías. Pues no, señores. Las artes vienen vacías porque antes vinieron demasiado llenas.
Llenas de peces con valor comercial, pero también rebosantes de alevines y de especies no comerciales sacrificadas inútilmente. Y además no se respetaron las vedas ni los sitios protegidos. Y la luz de la malla se hizo progresivamente menor, para atrapar todo lo que se moviese por la mar océano. Y se utilizaron artes y métodos ilegales. Y con la excusa de hacer cebo para las costeras del bonito, se enmalló mucha pesca de poco tamaño.
Y se largaron volantas de cientos de kilómetros (sí, cientos, no es una errata) a la deriva para barrer literalmente los océanos. Y los arrastreros destrozaron los lechos de la plataforma continental para llevarse todo lo que tuviera vida. En fin, que prefiero no seguir y que, aunque estoy hablando en pasado, pueden ustedes ponerlo en presente sin temor a equivocarse.
Lo cierto es que en los últimos 20 años hemos visto algunas especies de alto valor comercial (caso del besugo en el Cantábrico, por ejemplo) prácticamente extinguirse en aguas donde, hasta entonces y desde hacía miles de años, eran abundantes. Y muchas otras especies apetecibles quedar bajo mínimos, hasta el punto de que su captura se considera anecdótica.
La contaminación ha tenido mucho que ver con esto. De eso no hay duda. Pero hoy en día existe mucho mayor control en cuanto a vertidos, aguas contaminadas, filtros en la industria, etcétera, que hace veinte años, y, sobre todo, más conciencia por parte de todos, incluidas las instituciones. Lo que todavía no parece plantearse en serio es la abolición de un modelo pesquero que no es viable ni un día más y que, cada hora que pasa, evidencia que es pan para hoy (ya ni siquiera eso) y hambre y destrucción para un mañana que ya es presente. Por mucho que algunos echen la culpa a los sufridos pescadores deportivos, sean los submarinos o los que emplean cualquier modalidad de superficie.
La pesca comercial no puede continuar tal y como la conocemos. Necesitamos cambios drásticos para salvar lo que se pueda y tratar de invertir el proceso de deterioro antes de que sea irreversible. Javier García-Egocheaga
Lo habitual es no pescar nada. O pescar muy poco. Todo lo que no sea eso, es decir, siempre que pesquemos algo, cualquier cosa, ya habrá constituido un triunfo.
¿Les parezco muy pesimista? Quizás, pero pretendo ser objetivo, y si llevamos a cabo un recuento de los aficionados que practican su afición en nuestras costas un día cualquiera y las capturas de cierto porte que se han conseguido dicha jornada, veremos que no sale ni a una por individuo.
Vaya por delante que siempre me estoy refiriendo a las costas españolas y que esto no es extrapolable a otros puntos del planeta, donde salir a pescar se ajusta a su significado original.
Aquí, por desgracia, "ir de pesca" ha tomado diversas acepciones con el paso del tiempo, que hoy equivalen a cosas tales como salir a dar un paseo por la costa (en caso de practicar spinning), a sentarse plácidamente a pasar la tarde junto al agua a contemplar las estrellas en la tranquilidad de la playa nocturna y así otras muchas. Varios significados en los que, en ningún caso se contempla la captura de peces. Como mucho, la intención de conseguirlo, que ya es algo.
Por eso, en un ejercicio de posibilismo, nos vemos forzados a plantearnos cuál o cuáles son las especies que con mayor facilidad podrán acabar enganchadas en el extremo de nuestra línea. En caso de que queramos pescar algo, naturalmente.
Una vez que nos formulamos este tipo de preguntas, las respuestas a las mismas nos llevarán a realizar una pesca mucho más consecuente con nuestras posibilidades y, sobre todo, con las de nuestro entorno.
Porque, como ya hemos dicho por activa y por pasiva, nuestras costas están arrasadas. Básicamente por dos factores: la contaminación y la pesca comercial.
Por cierto, que hace poco leía que una cofradía de pesca había hecho público su malestar por la escasez de capturas y culpaba a un club de pesca submarina, como causante de esta merma. En concreto, achacaba a los concursos de pesca submarina celebrados en las inmediaciones de su caladero el descenso de las capturas comerciales. Y lo peor es que ese tipo de acusaciones tienen bastante eco mediático y confunden a la opinión pública. O sea, que unos pescadores submarinos que celebran un concurso y que matan unas cuantas docenas de lisas (mugílidos) y algún que otro durdo (lábrido) y poco más -que vienen a ser las capturas habituales de este tipo de concursos-, son los responsables de que las artes vengan vacías. Pues no, señores. Las artes vienen vacías porque antes vinieron demasiado llenas.
Llenas de peces con valor comercial, pero también rebosantes de alevines y de especies no comerciales sacrificadas inútilmente. Y además no se respetaron las vedas ni los sitios protegidos. Y la luz de la malla se hizo progresivamente menor, para atrapar todo lo que se moviese por la mar océano. Y se utilizaron artes y métodos ilegales. Y con la excusa de hacer cebo para las costeras del bonito, se enmalló mucha pesca de poco tamaño.
Y se largaron volantas de cientos de kilómetros (sí, cientos, no es una errata) a la deriva para barrer literalmente los océanos. Y los arrastreros destrozaron los lechos de la plataforma continental para llevarse todo lo que tuviera vida. En fin, que prefiero no seguir y que, aunque estoy hablando en pasado, pueden ustedes ponerlo en presente sin temor a equivocarse.
Lo cierto es que en los últimos 20 años hemos visto algunas especies de alto valor comercial (caso del besugo en el Cantábrico, por ejemplo) prácticamente extinguirse en aguas donde, hasta entonces y desde hacía miles de años, eran abundantes. Y muchas otras especies apetecibles quedar bajo mínimos, hasta el punto de que su captura se considera anecdótica.
La contaminación ha tenido mucho que ver con esto. De eso no hay duda. Pero hoy en día existe mucho mayor control en cuanto a vertidos, aguas contaminadas, filtros en la industria, etcétera, que hace veinte años, y, sobre todo, más conciencia por parte de todos, incluidas las instituciones. Lo que todavía no parece plantearse en serio es la abolición de un modelo pesquero que no es viable ni un día más y que, cada hora que pasa, evidencia que es pan para hoy (ya ni siquiera eso) y hambre y destrucción para un mañana que ya es presente. Por mucho que algunos echen la culpa a los sufridos pescadores deportivos, sean los submarinos o los que emplean cualquier modalidad de superficie.
La pesca comercial no puede continuar tal y como la conocemos. Necesitamos cambios drásticos para salvar lo que se pueda y tratar de invertir el proceso de deterioro antes de que sea irreversible. Javier García-Egocheaga
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