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"La Vanguardia" 21-8-2012

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"La Vanguardia" 21-8-2012

Missatge  kruskis el Dc 22 Ago 2012, 00:20

La crisis frena la pérdida de pescadores en Barcelona

El relevo generacional repunta y retornan ex marineros que se pasaron a la construcción hace 10 años | La nueva junta de la Cofradía es inusualmente joven

No todos los sectores económicos han vivido igual la crisis y el pinchazo inmobiliario. A la pesca le ha dado un respiro, al menos en cuanto a continuidad generacional y media de edad. La dureza física del oficio, los bajos ingresos y el ínfimo reconocimiento social generaban muchas jubilaciones aceleradas y una preocupante falta de relevo, solo aliviada en parte por la inmigración. Hace 10 años, en pleno boom económico, los pescadores de Barcelona ciudad pasaban por uno de sus peores momentos a causa de esta sangría de personal, que se sumaba al continuo descenso de capturas por la sobreexplotación del Mediterráneo y la destrucción de numerosos caladeros cercanos a la costa metropolitana.
La crisis no les habrá servido para multiplicar los bancos de peces, pero como mínimo les ha devuelto una parte del relevo generacional y de las vocaciones perdidas. En el puerto pesquero de Barcelona faenan 318 trabajadores, según los datos actuales de la Cofradía local. Dos terceras partes son marineros y el resto son armadores (una sesentena, propietarios de 36 embarcaciones), además de mecánicos, prácticos de pesca y rederos. “Hemos recuperado a unos 30 marineros en los últimos dos años, gente que habían dejado la pesca hace 10-15 años y se habían ido al ladrillo”, describe el nuevo patrón mayor de la entidad, Jose Manuel Juárez, que también es marinero. Comenta que durante los buenos años de la construcción “picaban a la puerta muchos marroquíes y pocos españoles” y que ahora sucede más bien lo contrario.
En Barcelona, la pesca ha reflejado los flujos migratorios de cada época. En los sesenta y setenta llegaron al Moll dels Pescadors numerosos andaluces, que ya conocían el oficio y se incorporaron como marineros. Algunos han progresado y tienen hoy su propia embarcación, incluso tres de ellos, dedicados a la pesca de cerco, pasan buena parte del año faenando en aguas andaluzas y sospesan regresar. A partir de los 90 llegó la nueva inmigración, africana y latinoamericana, que hoy representa una cuarta parte de la marinería barcelonesa.
El colectivo más numeroso, con creces, son los marroquíes. “Son muy buenos reparando redes y se adaptan bien a trabajar de noche, pero han tenido que aprender cómo trabajamos en la mar, porque estaban acostumbrados a barcos más pequeños y a no clasificar tanto las especies y tamaños”, asegura Juárez, de raíces andaluzas. Los autóctonos, por su parte, han tenido que aprender a gestionar las diferencias culturales: “Antes nos costaba asimilar que hicieran el Ramadán, por ejemplo, pero ahora ya nos hemos acostumbrado, ya es algo normal”. Además de marroquíes, trabajan también una decena de senegaleses y otros tantos ecuatorianos, que se concentran más en la pesca diurna.
Algunos viven en La Barceloneta y muchos en Badalona, una población con un vínculo tan fuerte como accidental con el colectivo: “En los años 70 casi el 60% de los pescadores de Barcelona vivía en los barrios de Sant Roc o Sant Crist de Badalona, porque eran originarios del Somorrostro y al destruir las barracas les realojaron allí”, rememora el patrón mayor. Estima que los badaloneses rondan ahora el 30% y matiza que también hay cofrades residentes en otros municipios metropolitanos, como L'Hospitalet o Santa Coloma de Gramenet.
Continuar el legado familiar
En cuanto a los armadores, la crisis ha hecho repuntar el complicado relevo generacional, fundamental para un sector que todavía transmite de padres a hijos los secretos de la profesión. La mayoría de jubilaciones significaban desballestar la barca, porque los descendientes optaban por una vida menos sufrida que la de sus padres: sin jornadas de 12 horas, con un sueldo asegurado y estable a final de mes, menos extenuantes físicamente y sin tener que trabajar de noche o dormir en otras poblaciones varias veces al mes. En los últimos tres años se han perdido una decena de barcas, que se suman a las 17 que desballestaron de golpe en 2007, acogidas a un plan de ayudas por la disminución de caladeros tras la construcción de la nueva bocana y del hotel Vela, la ampliación del puerto y la desviación del Llobregat.
“Algunos armadores están ahora más tranquilos, notan que los hijos se implican más, les suplen en vacaciones…”, observa Juárez. Tras la apuesta de la Cofradía por el pescaturismo y la reforma inminente del Moll dels Pescadors, la pesca ha recuperado algo de atractivo para una nueva generación con ganas de renovarla y buscarle complementos que aseguren su continuidad.
El cambio de estrategia es indisociable del recambio generacional en la cofradía. La nueva junta es inusualmente joven: de sus ocho miembros activos, cinco son armadores de menos de 34 años. No están dispuestos a que muera la pesca extractiva en Barcelona y no le temen al turismo “si es de calidad”. El perfil habitual es que sean la tercera generación dedicada a la pesca, es decir, nietos de pescadores.
Inestabilidad de ingresos
Como el sueldo lo decide el mar, cuando se pesca, se cobra. Si no, vuelves de vacío. De lo que se haya pescado durante la jornada, el armador se queda el 60% y los marineros se reparten a partes iguales el 40% restante. La llegada de las nuevas tecnologías a bordo redujo el número de marineros por barco, así que hoy toca a un poco más por cabeza. Se perdieron puestos de trabajo pero se ganó un poco en ingresos y calidad de vida. “En los 90 íbamos en cada barco de cerco entre 18 y 21 marineros, ahora seremos entre 12 y 14”, ejemplifica el patrón mayor. En los barcos de arrastre la reducción ha sido de 8 a 4.
Aunque es un fenómeno en retroceso, todavía funciona el pago en especias. En días con muy pocos ingresos o como sobresueldo, hay marineros que se llevan parte del pescado del día para su propio consumo o para revenderlo en las calles de La Barceloneta o a vecinos y tenderos de confianza.
La subasta en la lonja es igual de variable que las capturas. Los proveedores ganan peso entre los compradores, en detrimento de los pescaderos, un oficio que hasta hace poco también pasaba de padres a hijos. “Antes venían al menos dos o tres paradas de cada mercado; ahora tenemos fijos a unos cuantos de La Boquería, El Ninot, Santa Caterina y Barceloneta, pero se va perdiendo poco a poco porque los nuevos ya no quieren venir a las cinco de la mañana y tener que partir el sueño”, dice Juárez.
La venta indirecta provoca grandes fluctuaciones de precio: “¡El lunes hubo boquerón a 70 euros y el martes a 9 euros! Ahora las subastas parecen la bolsa, los compradores van con el móvil que echa chispas”, lamenta Juárez. Si ha habido temporal en Andalucía y en Murcia, por ejemplo, sube el precio porque las pescaderías del sur comprarán el pescado en Barcelona a través de sus proveedores. Si la mayoría de puertos mediterráneos han pescado bien ese día, se hundirá el precio en todas las lonjas.
Para frenar estas caídas bruscas,la Cofradía ha registrado la marca Peix de La Barceloneta, que le permite fijar un precio mínimo para las especies estrella, como la gamba roja. El tamaño pequeño, que cuesta a partir de 10 euros el kilo, lo habían llegado a vender a cinco antes de tener marca propia. “Ahora cuando no se alcanza el precio mínimo, retiramos la caja y la damos al Banc d'Aliments. Preferimos regalarla que malvenderla”, sostienen fuentes de la entidad. A parte de las cajas que no venden, los pescadores de Barcelona tienen un acuerdo regular con el Banc d'Aliments y cada embarcación entrega semanalmente entre una y dos cajas de pescado del día.
Vivir del mar
Las distintas modalidades de pesca, en función de las especies que se pretenden capturar, obligan a jornadas laborales muy distintas. En Barcelona operan a día de hoy 36 embarcaciones: 20 se dedican al cerco, 14 al arrastre y dos a las artes menores, más artesanales.
Los de cerco son los que pescan de noche, normalmente de 22 a 07 horas. Se les reconoce por los focos encendidos cerca de la superficie del agua. Pescan boquerón, sardina, atún y jurel, entre otras especies. Puesto que siguen y rodean bancos de peces en movimiento, recorren la costa y desembarcan el pescado en el puerto español que les quede más cerca, donde también lo subastan y se quedan a dormir. El coste del gasóleo y el tiempo que perderían les imposibilita volver cada noche a Barcelona.
Los de arrastre faenan de día, desde que amanece hasta las cuatro o las cinco de la tarde. Regresan siempre a Barcelona y capturan básicamente gambas y cigalas, aunque también algo de pulpo, bacaladilla, rape, merluza, lenguado y salmonete. La gamba se pesca en barrancos subterráneos y hay uno justo delante de Barcelona.
Los dos artesanales que sobreviven son un palangrero y un trasmayo. El primero consiste en una línea con 50-60 anzuelos y el segundo en una red paralela a la orilla, que atrapa a los peces cuando la intentan cruzar. Sus capturas se pagan mejor y hay un mercado creciente para los alimentos obtenidos con técnicas tradicionales, pero en la provincia de Barcelona ya casi no hay caladeros cercanos a la orilla: no hay pescado para más de dos artesanales. El trasmayo llega a verse desde la orilla, por ejemplo entre el delta del Llobregat y Castelldefels, donde aún queda langostino y un poco de lenguado. El palangrero no llega a divisarse desde tierra, porque faena más adentro y se dedica solo a la merluza.
Dos meses al año toda la flota interrumpe su actividad: llevan 18 años haciendo un paro biológico voluntario. Sale de su bolsillo, pero saben que es vital para que sobreviva su mina, el mar. Aún así, las capturas se reducen año tras año. “Los animales cada vez tienen menos sitios donde vivir, los hemos invadido. El mar es el espejo de tierra”, musita el patrón mayor.


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